Esta semana no os voy a hablar de un lanzamiento de modelos ni de un benchmark, ni tan solo de una ronda de financiación en el ámbito de la IA. Simplemente os quería hablar de una mesa celebrada en Évian.
Évian es una localidad situada a orillas del lago Lemán en Francia, en la que estaban sentados los líderes del G7 reunidos del 15 al 17 de junio… y al lado, comiendo con ellos, los jefes de las empresas que están construyendo la inteligencia artificial.
Ahí estaban Sam Altman de OpenAI, Dario Amodei de Anthropic y Demis Hassabis de Google DeepMind. Los tres, en la cumbre, con jefes de Estado, y la propia CNBC lo tituló: “Una señal de dónde está el poder ahora mismo”.
Pero vamos por partes, que este tema da para mucho….
Qué pasó exactamente en la cumbre
Como sabéis, El G7, es el club de las siete grandes economías occidentales. Una cumbre anual donde se habla de guerras, de aranceles, de energía, de las cosas serias de verdad. Históricamente, ahí no se invita a empresarios a comer sino a presidentes y primeros ministros. Que este año el almuerzo de trabajo incluyera, según Bloomberg, a cerca de una docena de líderes tecnológicos, es un cambio de quién se considera “actor relevante” en la mesa donde se decide el rumbo del mundo.
Y no eran solo los tres grandes americanos. En ese almuerzo estaban también Arthur Mensch, de la francesa Mistral; Aidan Gomez, de la canadiense Cohere; el británico Victor Riparbelli, de Synthesia; el alemán Robin Rombach, de Black Forest Labs… Vamos, que cada país llevó a su campeón nacional de IA como quien lleva a su delegación. (Si eso no te dice algo sobre cómo ha cambiado el tablero en dos años, no sé qué lo hará.)
Por lo que respecta a la mesa, los temas más relevantes tratados fueron: los riesgos de los modelos frontera, la infraestructura y la soberanía en relación con quién controla el cómputo, los chips y, en definitiva, quién depende de quién.
La parte más incómoda: el "botón rojo"
Y es que no todo fueron sonrisas y apretones de manos. Por debajo del almuerzo se mascaba una tensión muy concreta. Estados Unidos ha apretado los controles de exportación sobre los modelos más potentes, sobre todo por el reciente caso del nuevo modelo Fable5 de Anthropic. Eso generó, según se reportó desde la propia cumbre, un miedo muy razonable: el del “kill switch” (el interruptor).
Haciendo una alegoría y para que lo entiendas mejor: si tu empresa funciona con un modelo americano, y Washington decide mañana que ese modelo ya no se exporta a según qué sitios… ¿qué haces tú? ¿A quién diablos llamas? Esa pregunta, que hace tres años era ciencia ficción, esta semana estaba encima del G7 y no tenía una respuesta tranquilizadora.
Lo más curioso es que los propios jefes de la IA fueron a Évian a pedir precisamente lo contrario. Amodei y Hassabis defendieron en la cumbre una coalición liderada por Estados Unidos para coordinar el desarrollo de esta tecnología entre democracias, es decir, “ordenemos esto entre los nuestros antes de que lo ordene otro”. Tiene toda su lógica, aunque ya me diréis si una coalición liderada por quien controla el interruptor tranquiliza del todo…
¿Os acordáis de cuando hablábamos de las GPUs?
Hace unas semanas os conté lo de Musk alquilándole infraestructura a Anthropic. En mi artículo llegaba a la conclusión de que la palanca real de esta industria ya no es solo el modelo, son el cómputo y la energía. Esa misma lógica es la que ha sentado a toda esta gente. No están ahí por ser los más listos de la clase, sino porque controlan una infraestructura de la que ahora dependen estados enteros y a eso se le llama PODER.
Lo que en mayo era una operación entre empresas, ahora es un asunto de soberanía nacional discutido por jefes de Estado. Y es que la velocidad a la que se mueve esto es espeluznante.
Lo que yo creo.
Este evento es la confirmación oficial de que las empresas de IA ya no son proveedores tecnológicos, son actores geopolíticos (igual que en su día lo fueron las petroleras o las grandes farmacéuticas). Cuando te sientas a comer con el G7, te has convertido de facto en parte de la conversación sobre el poder mundial.
La palabra “soberanía” ha dejado de ser un discurso bonito para los congresos y se ha convertido en una decisión de arquitectura. Si montas tu negocio entero sobre un único proveedor de IA que está al otro lado del Atlántico, estás asumiendo un riesgo que hace dos años ni figuraba en el mapa. El caso de Fable5 así lo demuestra.
Cuando quienes construyen la tecnología son quienes asesoran sobre cómo regularla, y además se sientan en la mesa donde se decide… ¿quién vigila al vigilante?
Esa foto del almuerzo de Evián la recordaremos o bien como el día en que por fin se sentó a la IA en la mesa adulta y se ordenó el asunto.. o como el día en que ya era demasiado tarde para preguntar quién mandaba.
¿Y vosotros? Si tuvierais que montar hoy la parte crítica de vuestro negocio sobre un modelo de IA, ¿de quién os fiaríais, y sobre todo, de quién no os fiaríais?
Déjame tus comentarios, me encantará leerte 🙂
¡Buena semana!
