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Cien contenidos después: por qué un día me dio por explicar la IA para todo el mundo (y por qué os debo las gracias)

Esta semana no os voy a hablar de un modelo nuevo, ni de un benchmark, ni del último anuncio que promete cambiarlo todo (que los hay, y unos cuantos). Esta vez me apetece hacer algo distinto. Parar un momento, mirar atrás, y contaros por qué estoy aquí escribiendo esto.

Y es que este es el contenido número 100. Cien. Y por el camino, en mi canal de YouTube, hemos pasado de ser cuatro gatos a más de 10.000 suscriptores, con este blog que cada mes recibe más visitas. Así que permitidme que hoy me ponga un poco personal, porque creo que os lo debo.

¿De dónde salió todo esto?

Creado con IA con Gemini

La historia no empieza con la IA, empieza con un libro. Hace un tiempo me puse a escribir “Vender más en siete pasos: guía de supervivencia en un mundo tecnológico”, con una idea muy concreta en la cabeza: concienciar a las pequeñas y medianas empresas de que la tecnología y el marketing de atracción ya no eran opcionales. Para mi era importante divulgar que el mundo se movía, y que quien no subiera al tren se quedaba en el andén mirando cómo pasaba.

Escribir aquel libro fue lo que me devolvió las ganas de divulgar. Fue el detonante de la reactivación de mi blog casi sin querer, porque me di cuenta de que tenía cosas que contar y de que quedarme callado no ayudaba a nadie. Al principio era eso: tecnología, negocio, PYMES, herramientas. Cosas que veía cada día con mis clientes y que quería poner al alcance de quien tuviera un negocio y pocas horas para pelearse con manuales.

Y entonces, cuando ya tenía el carril montado, apareció ChatGPT.

El tsunami que nadie veía venir

Lo diré tal cual lo pienso: lo que llegó con los grandes modelos de lenguaje no fue una novedad más. Fue un antes y un después. Y desde el minuto uno tuve una sensación que no me ha abandonado desde entonces, que esto nos iba a pasar por encima como un tsunami y que no se estaba preparando a la población convenientemente.

Esa sensación me dio un objetivo mucho más grande que el del libro. Ya no se trataba solo de que una PYME vendiera más. Se trataba de que la gente entendiera lo que se le venía encima, antes de que se lo encontrara de frente. Porque una cosa es que llegue una ola, y otra muy distinta es que te pille de espaldas, mirando el móvil.

Me puse a hablar de todo ello. De hacia dónde iba la cosa, de lo que significaba de verdad para el trabajo, para las empresas, para cada uno de nosotros. De la primera Ley de la IA en Europa cuando casi nadie hablaba del tema. Algunos vídeos los vieron cuatro personas (bueno, mi familia y tres más), pero me daba igual. Estaba convencido de que había que contarlo.

De una charla en un chat a un ejército de agentes

Si algo me ha fascinado de estos dos años y pico es la velocidad. La IA ha pasado, delante de nuestras narices, de ser una simple conversación en un chat a algo mucho más grande.

¿Os acordáis de cuando lo flipante era hablar con una IA y que te contestara medio bien? Aquello nos parecía magia. Pues de ahí saltamos a los agentes, esos sistemas que ya no solo responden sino que ejecutan tareas por ti. Lo conté cuando OpenAI presentó Operator y los cinco niveles de agentes, y reconozco que ahí ya se me encendió una bombilla.

Y de los agentes hemos llegado a las redes de agentes autónomos, agentes que hablan con otros agentes y se organizan entre ellos para sacar el trabajo adelante. (Sí, agentes coordinándose sin que nadie les diga cómo. Aquí os expliqué el protocolo que lo hace posible.) Esto ya no es ciencia ficción, es mi día a día. De hecho, hace unas semanas os conté que dejé un agente suelto y un sábado tomó una decisión por su cuenta. Si me hubierais dicho eso el día que grabé el vídeo del chat.. no me lo habría creído.

Mi obsesión (que esto lo entienda cualquiera)

Hay una cosa que me gustaría remarcar, porque para mí es lo que da sentido a todo el proyecto. Y es mi fijación, casi obsesión, por hacer accesible este mundo tan complejo para cualquier persona.

La IA está llena de siglas, de papers, de “palabros”, de gente muy lista hablando entre sí en un idioma que no entiende nadie de fuera., incluso a veces de mucho “humo” Y yo lo que quería (lo que sigo queriendo) es traducir eso. Que mi cuñado, que no ha tocado una línea de código en su vida, entienda por qué algo tan aburrido como un protocolo llamado MCP es en realidad el “USB-C” de la IA. Que cualquiera pueda meterle sus propios documentos a una IA con un RAG sin sentirse tonto por preguntar.

Porque creo de verdad que el mayor riesgo no es la tecnología en sí, es la brecha entre los que la entienden y los que se quedan fuera. Y si estos cien vídeos han servido para que unos cuantos crucéis esa brecha, entonces ha merecido la pena cada domingo de grabación.

Para los que os habéis quedado

Y llego a la parte que de verdad quería escribir hoy.

Cuando empecé, esto era hablarle al vacío. Grababa, subía, y me miraban un puñado de personas. Los primeros vídeos son, siendo honesto, bastante mejorables (si buceáis en el canal los encontraréis, no los he borrado, forman parte del viaje). Pero poco a poco fuisteis llegando. Recuerdo mi primer video “Web3, la nueva frontera de Internet”y los nervios de grabar con una cámara delante, Si no lo habéis probado, os lo recomiendo: asusta más de lo que parece, sobre todo al principio. 

Algunos temas conectaron mucho más de lo que jamás imaginé, como aquel en el que os contaba que ya podíamos hablar con cualquier persona del mundo sin saber idiomas, que se acercó a las 65.000 visualizaciones, o el de los robots humanoides que dejaron de ser ciencia ficción, que rondó las 17.000. Nada mal para un canal que empezó con tres valientes.

Incluso en las últimas fechas he tenido que tirar de mi avatar porque no me daba la vida…

Pero no os doy las gracias por los números, os las doy por quedaros. Por comentar, por corregirme cuando meto la pata (que pasa), por escribirme para decirme que un vídeo os ayudó a entender algo o a tomar una decisión en vuestro negocio. Diez mil suscriptores no son una métrica de vanidad para colgar en LinkedIn. Son diez mil personas que un día decidieron que valía la pena escucharme, y eso, sinceramente, me sigue pareciendo increíble.

¡Así que gracias! A los del primer vídeo, a los que os habéis subido por el camino, y a los que habéis llegado esta misma semana. A todos.

Y ahora, ¿qué?

Pues seguir. Con la misma idea con la que empecé, pero con más gente al lado. La ola no ha hecho más que crecer, y me temo que lo mejor (y lo más loco) está aún por llegar. Yo seguiré aquí, intentando contároslo de forma que se entienda, sin siglas innecesarias y sobre todo sin humo.

Antes de despedirme, tengo una pregunta que me apetece de verdad haceros: de estos cien vídeos, ¿cuál ha sido vuestro favorito? ¿Cuál os hizo entender algo que no pillabais, o cambiar de opinión sobre esto de la IA? Dejadmelo en los comentarios, que me encantará leeros y, de paso, me dais ideas para los próximos cien..

¡Buena semana!

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