TL;DR: Fui al MIT a preguntarle a un profesor por la gobernanza de los agentes de IA y me acabó diciendo que no me preocupara demasiado por las respuestas. Luego hizo una cuenta que llevo tres semanas sin quitarme de la cabeza. Te la cuento, porque creo que va del sitio exacto donde se está moviendo la ventaja competitiva.
Treinta mil días.
Eso es todo, si las cosas van muy bien. Ochenta y dos años, más o menos. Haced la cuenta vosotros, que es bastante didáctica: yo la hice en el avión de vuelta y se me quedó una cara rara durante un buen rato.
Pero dejadme que os ponga en situación, porque el número no es lo interesante. Lo interesante es de dónde sale.
El despacho, la grabadora y la pregunta que no era
Finales de julio, MIT Sloan, edificio E62. Estoy sentado enfrente de Paul McDonagh-Smith, con una grabadora sobre la mesa y un guion que llevaba semanas preparando. Es la primera entrevista que grabo para el canal y encima en inglés, así que imaginaos el cuerpo.
Esa semana habíamos estado dándole al Agentic AI en clase. Y habíamos hecho una simulación que me dejó tocado: un agente toma una decisión por su cuenta y le mete a la empresa un problema financiero y reputacional de los de verdad. Así que le pregunto lo que llevaba dentro desde el ejercicio: cuando un agente hace una promesa en nombre de tu compañía, ¿de quién es esa promesa?
Y él, en lugar de contestarme, se disculpa, en serio. Se disculpa por lo intensa que había sido la semana.
Luego dice algo que yo no esperaba: que en el MIT lo que hacen, sobre todo, es formular preguntas. Que la mejor formulación de las preguntas es la clave de la ventaja competitiva hacia adelante. Y que todos salen de allí cada semana con más preguntas de las que traían al empezar. Faculty included, subrayó, que me hizo gracia.
Yo le digo que me pasa exactamente igual, que salgo con más preguntas que antes y ahí suelta la frase:
“I wouldn’t worry too much about the answers.” (Yo no me preocuparía demasiado por las respuestas).
Un profesor del MIT. En 2026, cuando toda la industria en la que trabajamos vende exactamente lo contrario: respuestas más rápidas, más baratas y a escala industrial.
Lo que viene después, que es lo que de verdad importa
Porque no se queda ahí, claro. El consejo que da a continuación es de una practicidad que no me esperaba: dad dos pasos atrás desde las preguntas en las que estáis trabajando hoy, y comprobad si esas preguntas son de verdad la mejor definición del problema, o si hay otro problema más grande y mejor que deberíais estar atacando.
Leedlo otra vez, que yo lo he leído unas cuantas.
No dice “trabajad más”. No dice “usad mejores herramientas”. Dice: igual el problema que estás resolviendo no es el problema.
Y a mí eso me pilló en un momento concreto, que os lo cuento porque viene al caso. Llevo un año entero optimizando cosas: procesos, herramientas, flujos, formas de trabajar. Y en ningún momento de ese año, ni uno, me paré a preguntarme si el proceso que estaba optimizando era el que había que optimizar. Sinceramente pienso que es un error bastante común, y no creo que sea el único que lo comete.
Es más, creo que la IA lo agrava porque ,cuando resolver es barato, resuelves más cosas y cuando resuelves más cosas, te paras menos a mirar si merecía la pena resolverlas.
Y entonces llegó la cuenta
Aquí es donde aparecen los treinta mil días. Os pongo lo que dijo, casi tal cual:
Recordemos que si las cosas van muy bien en este planeta, probablemente tenemos unos 30.000 días. Y cuando estemos por los 28.000, los 29.000 o los que sean, sentados en un puerto soleado en nuestro barco con un martini en la mano, y miremos por encima del hombro lo que hemos hecho.. ojalá todos podamos decir con confianza que fuimos a por las preguntas más grandes y mejores.
Y ahí acaba. Y enlaza directamente con la responsabilidad, que es el otro hilo que le obsesiona: que quienes tenemos la suerte de andar cerca de esta tecnología, aunque sea de forma muy pequeña, tenemos una responsabilidad real sobre cómo se aplica.
Haced la cuenta también, en serio. Es un ejercicio incómodo y muy recomendable. Yo salí de allí con dos números en la cabeza: los que llevo gastados y los que quedan si la cosa va razonablemente bien. Y con una pregunta que no me esperaba traerme de Boston, porque yo iba a aprender de agentes.
La promesa que nadie está auditando
Vamos a ponerlo en el terreno práctico, que si no esto se me va por las ramas.
Toda esta tecnología, absolutamente toda, se vende con la misma promesa de fondo: te va a devolver tiempo. Automatiza lo repetitivo, quita la carga, libera horas. Los números que se enseñan en los comités van siempre en esa dirección: cuánto se ahorra, cuánto se acelera, cuántas horas se recuperan.
Y aquí está la trampa, que llevo semanas dándole vueltas: medimos con muchísimo detalle el tiempo que se libera y no medimos absolutamente nada de en qué se gasta ese tiempo liberado.
¿Y sabéis en qué se está gastando en la mayoría de sitios? En producir más. En meter otra vez las horas dentro de la máquina.
Eso no es ganar tiempo, es cambiar el trabajo de sitio.
Pongamos foco en esto porque me parece lo más importante del artículo: si el resultado de automatizar tu semana es que ahora haces el doble de cosas igual de irrelevantes, no has ganado nada; has acelerado, lo cual es otra cosa muy distinta, y encima cansa igual.
Por qué esto se conecta con el 0,1% del que os hablé
Los que leísteis el artículo anterior de esta serie os acordaréis de la idea del 0,1%: mejorar un poquito cada día, esa filosofía tan poco de Silicon Valley que me traje de Boston y que va en contra de todo el discurso del cambio disruptivo.
Pues bien, esto es la otra mitad de la misma moneda, y sin esta mitad la primera no sirve de nada. El 0,1% es el método. La pregunta decide sobre qué aplicas el método.
Y un 0,1% mejor cada día en la dirección equivocada sigue siendo, al cabo de un año, la dirección equivocada. Solo que habrás llegado más lejos por el camino que no era.
Por eso creo que estos dos artículos hay que leerlos juntos, aunque los haya separado dos semanas.
Mis impresiones a este respecto
De entrada, y esto lo digo con la boca pequeña porque llevo años ganándome la vida con lo contrario: creo que estamos sobrevalorando muchísimo la capacidad de responder y subestimando la de preguntar. Las respuestas se han vuelto una commodity en aproximadamente dieciocho meses.
Cualquiera con veinte euros al mes tiene acceso a un sistema que responde mejor que la mayoría de expertos de hace cinco años. Lo que no se ha vuelto commodity, ni creo que se vuelva pronto, es saber qué merece la pena preguntar en tu contexto, con tus datos, con tus clientes y con tus limitaciones.
Por otro lado, y esto sí me preocupa de verdad, hay un incentivo perverso montado: cuanto más barato es ejecutar, menos rentable parece pararse a pensar. Pararse no produce nada medible ese día. No sale en ningún cuadro de mando, no hay ninguna métrica que premie a quien dedicó una mañana a comprobar que el proyecto en el que anda metido el equipo entero es el proyecto correcto.
Y finalmente, algo que me llevo de la conversación entera y que no esperaba: la parte que sigue siendo nuestra no es la más lúcida, no es tener la idea genial. Es mucho más aburrido dar dos pasos atrás y comprobar si la pregunta es la correcta. Eso no se delega, igual que él dice que no se delega la responsabilidad de un agente.
Quizás.. y aquí ya especulo yo, quizás dentro de unos años la habilidad diferencial de un directivo no sea decidir rápido, sino decidir sobre qué decidir. Que suena parecido y no tiene nada que ver.
La entrevista completa está publicada en el canal, en inglés y con capítulos, por si queréis oírselo a él y no a mí contándolo: la conversación entera con Paul McDonagh-Smith. El trozo de los treinta mil días cae en la parte de agentes, alrededor del minuto veinte, y dura menos de un minuto. Es de esas cosas que se te pasan si vas con prisa, que es, ahora que lo pienso, bastante coherente con todo lo demás.
Yo todavía no he decidido del todo qué hacer con la cuenta. Sé que me cambió algo, pero no os sabría decir el qué exactamente..
¿Y tú? Si tuvieras que decirme ahora mismo cuál es la pregunta relevante que llevas sin hacerte, ¿sabrías cuál es? Déjame tus comentarios; me encantará leerte.
¡Buena semana!
